La lengua georgiana – Marine Kobeshavidze, Sophia Peikrishvili, Lela Janashvili y Ketevan Khuskivadze

Georgia se encuentra en el sureste de Europa, con salida al Mar Negro y en una superficie montañosa. Tiene fronteras con Armenia, Azerbaiyán, Rusia y Turquía. Debido a su posición geográfica, la historia de Georgia está llena de conflictos bélicos contra invasores como persas, turcos, mongoles y otomanos. A pesar de las batallas, Georgia vivió una época de esplendor, llegando a ser el estado con mayor influencia política y cultural en la región. Debilitado por una lucha interminable contra los musulmanes, a partir del siglo XVIII formó parte del Imperio Ruso y en 1918 alcanzó su independencia, que había de durar tan solo tres años. En 1921, después de que las tropas rusas invadieran el territorio georgiano, pasó a formar parte de la Unión Soviética. Tras su independencia en 1991, ha sufrido varias guerras, entre ellas una guerra civil, años de escasez e inestabilidad, una revolución en 2004 para derrocar al gobierno y un conflicto armado con Rusia en 2008. Actualmente el 20% del territorio georgiano queda bajo la ocupación rusa.[1]

LA LENGUA GEORGIANA

El georgiano es la lengua oficial de la república caucásica de Georgia. Cuenta con cuatro millones de hablantes, incluyendo pequeñas comunidades en países cercanos como Rusia, Azerbaiyán, Armenia, Turquía e Irán.  Mientras las principales familias lingüísticas de Europa (p.ej. románicas, germánicas y eslavas) comparten un origen indoeuropeo, el georgiano, sin embargo, pertenece al grupo de lenguas kartvelianas, uno de los más antiguos del mundo. Resumimos a continuación algunos de los rasgos más característicos de la lengua georgiana.

Alfabeto y Sistema fonético

  • El alfabeto georgiano actual, si bien organiza sus grafías conforme a las directrices marcadas por la tradición griega, no tiene parangón con ningún otro alfabeto conocido. Consta de 33 letras –cinco vocales y 28 consonantes– y posee naturaleza fonémica, es decir, existe una correspondencia biunívoca entre grafías y fonemas. Las primeras inscripciones encontradas datan del s. IV y tal es la belleza de sus trazos que ha llegado a considerarse uno de alfabetos más hermosos del mundo.

              

Inscripción de Bir El Qutt año 430 AD.[2]

 

Inscripción de Bolnisi siglo V.[3]

La siguiente tabla recoge las tres escrituras georgianas, su representación fonética y su romanización:

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha agregado el alfabeto georgiano a la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.[4]

Desde el punto de vista fonético, la característica más significativa (con respecto a la mayor parte de lenguas indoeuropeas) es la tendencia a la glotalización de algunos sonidos consonánticos, en concreto, las consonantes eyectivas კ-/kʼ/, პ -/pʼ/, ტ – /tʼ/, წ – /tsʼ/, ყ – /qʼ/, ჭ – /tʃʼ/. Este es precisamente el rasgo por el que a la lengua georgiana se la atribuye cierta brusquedad en su pronunciación.

Sorprende, asimismo, la frecuente acumulación de consonantes consecutivas en la misma sílabas, მდგმური – /mdgmuri/ – inquilino, ხელმძღვანელი – /xelmdzgvaneli/ -jefe, მრწვთნელი – /m tsʼrtʰneli / – entrenador, ვეფხვთმბრდღვნელი/vepʰχvtʰmbrdʁvneli/‘- luchador contra tigres (el caso más curioso, donde se acumulan 11 consonantes).

Morfosintaxis

Desde el punto de vista morfológico, la lengua georgiana es aglutinante, es decir, la información gramatical (persona, tiempo, modo, aspecto, relaciones espaciales y temporales…etc.) se expresa mediante morfemas y afijos especializados que se anexan a la unidad léxica, dando lugar, así, a palabras de gran longitud. –სვლა = andar;- გადა-სვლა =cruzar la calle.

Se declina según siete casos: nominativo, ergativo, dativo, genitivo, instrumental y adverbial, vocativo.

Es una lengua posposicional: las funciones que en otras lenguas desempeñan las preposiciones se expresan, en georgiano, mediante posposiciones, ya sean sufijos o formas independientes. Ejemplo: “María viene de casa.”- მარია მოდის სახლიდან. Donde la proposición “de” se corresponde con el sufijo “დან” que se añade al sustantivo (casa).

Carece de marcas explícitas de género gramatical, así como de artículo determinado.

Es una lengua donde el verbo es polipersonal, es decir, mientras en la mayor parte de las lenguas occidentales el verbo suele concordar con un único argumento, generalmente el sujeto, en el georgiano el verbo concuerda tanto con el sujeto como con el objeto. Ejemplo: “El intérprete se lo ha traducido”.თარჯიმანმა უთარგმნა, donde en el verbo aparecen sujeto y complementos directo e indirecto.

Otro rasgo propio de la lengua georgiana, directamente relacionado con el polipersonalismo antes citado, es su naturaleza ergativa. En líneas generales, consiste en marcar el sujeto de los verbos transitivos con un caso –el ergativo (que aparece en el georgiano en el siglo 18 en primera gramática de la lengua georgiana de Anton I)– no coincidente con el utilizado para marcar el sujeto de verbos intransitivos. Este último, por su parte, se emplea también para marcar el objeto de verbos transitivos. En el georgiano actual la ergatividad se presenta, en la mayoría de casos, en los verbos transitivos con aspecto perfectivo. Ejemplo: ბავშვი კითხულობს- El niño lee (en nominativo) ბავშვმა წაიკითხა- El niño leyó (en ergativo). La lengua vasca es también ergativa, coincidencia a la que suele recurrirse para emparentar ambos idiomas. Existe una semejanza sorprendente en las formas ergativas entre el vasco y el laz (lengua kartveliana).

Aunque es relativamente libre, el orden sintáctico oracional predominante es Sujeto – Objeto – Complemento.

PANORAMA HISTÓRICO Y LINGÜÍSTICO

Desde el s. XIX, la historia de Georgia ha estado ligada, de una forma u otra, para bien y para mal, con la vecina Rusia: en un primer momento, incorporada al Imperio ruso; décadas después, como miembro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En consecuencia, la lengua rusa ha estado muy presente en el territorio georgiano, estableciendo una relación tanto de convivencia como de rivalidad con la lengua georgiana.

Cabe mencionar que los métodos de planificación de la política lingüística en la Unión Soviética eran variados, ya que después de un cambio del gobierno era posible que en el estado dominara más de un idioma. A la hora de planificar la política lingüística, el gobierno debería tomar en consideración los intereses de su pueblo, pero este no es el caso de un régimen totalitario, donde el gobernante es el que decide cómo implantar la reforma de dicha  política, que dentro de la Unión Soviética atribuía al ruso el mayor protagonismo.

El gobierno soviético, usando el idioma ruso, logró influir en las etnias minoritarias y en su identidad. Como estado totalitario, la Unión Soviética representaba el imperio, donde la política lingüística estaba en las manos del gobierno. Aún más, en la época soviética se tomaban medidas como la migración forzosa, lo que ya de por sí cambiaba la demografía del pueblo. En la Unión Soviética, que era un estado multicultural y al mismo tiempo multiétnico, los perjuicios padecidos por algunas lenguas no rusas adquirieron un tinte mucho más dramático con las deportaciones llevadas a cabo por el totalitarismo soviético para reprimir cualquier sospecha o evidencia de disenso con el régimen. Estos desplazamientos forzosos e injustificados derivaron en un trasvase humano de irreparables efectos demográficos: grandes contingentes de personas se vieron forzadas a abandonar su lugar de origen para ser trasladados a otros territorios de la Unión Soviética, muchos de ellos despoblados e inhóspitos. El desarraigo identitario de los desplazados, en muchos casos el menor de los males, supuso el deterioro, la inutilización e incluso la desaparición de las lenguas de los desplazados. Afortunadamente, el pueblo georgiano –y su lengua– no fue víctima de esta catástrofe humana.

Los años 80 del siglo XX trajeron consigo las políticas reformistas de Gorbachov y su Perestroika. Después del decaimiento de la Unión Soviética todas las repúblicas alcanzaron su independencia. En este nuevo contexto, los movimientos nacionales de liberación contra el régimen se abrieron camino desembocando, en el caso de Georgia, en la independencia, el 9 de abril de 1991, poco después de la caída de la URSS. Desde el punto de vista lingüístico, se inició entonces un proceso tanto de “descomunistización”, orientado, por ejemplo, a borrar de la toponimia nombres de revolucionarios soviéticos impuestos por el régimen; como de “desrusificación”, dedicado a marcar las diferencias entre las lenguas nacionales (georgiano, armenio, ucraniano, etc.) y el ruso: son ejemplos de ello el paso del alfabeto cirílico al latino, o bien la modificación de la forma cirílica que provoca cambios en su transliteración (por ejemplo, en Ucrania, Jarkiv y Lviv sustituyen a Jarkov y Lvov). Surgieron nuevos topónimos, se cambiaron los nombres de las ciudades, de las calles y de los países. Estos cambios fueron muy frecuentes en las tierras de la antigua URSS: entre los años 1932-1934, respectivamente, Kuznetsk y Bobriki fueron bautizadas como Stalinsk y Stalinogorsk, pero en 1961 recibieron los nuevos nombres de Novokuznetsk y Novomoskovsk; uno de los cambios más destacables fue el de Tsaritsin, llamada desde 1925 Stalingrado (nombre con el que adquiriría un gran valor simbólico en honor a Stalin) y Volgogrado desde 1961. Resultaron más complejos los casos de San Petersburgo y Vladikavkaz, que recuperaron su antigua denominación después de haber llevado otros dos nombres (para el primero: Petrogrado hasta 1924 y Leningrado hasta 1992; para el segundo: Ordzhonikidze de 1931 a 1944, Dzaudzhikau de 1944 a 1954, y de nuevo Ordzhonikidze de 1954 a 1990).

Pero antes de que Georgia pudiera lograr su independencia política y lingüística tuvo que pasar un camino muy duro luchando tanto por su identidad cultural como por su identidad lingüística desde que en 1978 la lengua georgiana perdiera su estatuto de idioma del estado a favor de la lengua rusa, dos lenguas que, contrariamente a lo que muchos puedan pensar, no están emparentadas lingüísticamente ni comparten alfabeto.

 

Marine Kobeshavidze, Sophia Peikrishvili, Lela Janashvili y Ketevan Khuskivadze
Universidad Estatal Ivane Javakhishvili de Tbilisi

 

Este texto forma parte del proyecto La especificación de topónimos, antropónimos españoles y términos profesionales (en las áreas de administración pública y jurídica, lingüística y literaria) y el desarrollo de normas para su aplicación en la lengua georgiana, financiado por la Fundación Nacional de Ciencias Shota Rustaveli de Georgia (SRNSFG) [número de la subvención FR- 17_85]

 

[1]http://www.elojodigital.com/contenido/16830

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Inscripciones_de_Bir_el-Qutt

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Inscripciones_de_Bolnisi

[4] http://georgiatoday.ge/news/5272/UNESCO-Adds-Georgian-Alphabet-to-List-of-Intangible-Cultural-Heritage-of-Humanity

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