Subir peldaños hacia unos servicios públicos más accesibles: la escalera del diseño legal en las Administraciones públicas – Juan Ramón Martín San Román

Font: Martín-San Román, Ramos Gutiérrez i Suárez-Carballo, 2024

¿Qué es el diseño legal y por qué es más necesario que nunca?

El derecho es, por naturaleza, un campo técnico y complejo. Esta complejidad, aunque inevitable en muchos casos, no debería convertirse en una barrera que impida a la ciudadanía ejercer sus derechos o comprender sus obligaciones. Aquí es donde entra en escena el legal design o diseño legal: una disciplina emergente que, combinando principios del diseño centrado en las personas y metodologías de innovación, persigue un objetivo ambicioso pero fundamental en democracia: hacer los servicios públicos más accesibles, para lo que debemos diseñar procedimientos y documentos más comprensibles y usables para los ciudadanos.

Si bien su origen académico puede rastrearse hasta el evento “Legal Design Jam” de Stanford en 2013, el diseño legal responde a una serie de circunstancias que en la actualidad hacen que su uso resulte más acuciante que nunca. Entre ellas, cabe destacar el envejecimiento de la población, la creciente diversidad cultural y lingüística en nuestras sociedades, la digitalización de los servicios públicos, o los altos estándares de diseño de interacción presentes en el sector privado (apps y webs), a los que los ciudadanos están ya acostumbrados.

   Integrar el diseño en los servicios públicos no es un lujo, sino una obligación democrática en virtud de principios constitucionales como el acceso efectivo a la justicia, la igualdad o la dignidad de la persona.

Por todo ello, integrar el diseño en los servicios públicos no es un lujo, sino una obligación democrática en virtud de principios constitucionales como el acceso efectivo a la justicia, la igualdad o la dignidad de la persona (Constitución española, arts. 9, 10 y 14).

De la estética a la estrategia: la evolución del diseño como herramienta para el sector público

El diseño, inicialmente asociado a cuestiones estéticas, lleva ya décadas ampliando su campo de acción hacia cuestiones como el diseño de servicios o el diseño estratégico. Este salto conceptual se refleja en la design ladder (escalera del diseño) del Danish Design Center, que ilustra cómo las organizaciones más avanzadas integran el diseño no como una cuestión de forma, sino como una herramienta estratégica de innovación y transformación.

Inspirándonos en este modelo, en nuestro artículo en la sección monográfica del número 82 de la Revista de Llengua i Dret proponemos una adaptación específica para el ámbito jurídico y administrativo, aunque con un especial acento en su uso en las Administraciones públicas: la escalera del diseño legal.

La escalera del diseño legal

La escalera del diseño legal consta de cinco peldaños. Cada uno representa un grado mayor de madurez en la integración del diseño en las Administraciones públicas, desde intervenciones básicas en la presentación de la información (diseño de la información) hasta la transformación estratégica de los servicios públicos.

Primer peldaño: diseño de información

En este nivel, el diseño se emplea para mejorar cómo se presenta la información legal. No basta con emplear un lenguaje claro, sino que también es fundamental organizar visualmente los documentos, jerarquizar los contenidos, emplear recursos visuales significativos y facilitar la navegación cognitiva del usuario.

Ejemplos como la factura de la luz rediseñada para facilitar su comprensión, por parte de investigadores como Blas Subiela, o el rediseño de las multas de tráfico del Ayuntamiento de Madrid, por parte de Prodigioso Volcán, demuestran que el diseño de información puede hacer mucho para mejorar la comunicación de empresas y administraciones hacia la ciudadanía.

Segundo peldaño: diseño de interfaz

Este enfoque de los peldaños, que tiene algo de cronológico, plantea un segundo peldaño en el que el foco se traslada a la interacción entre personas y sistemas digitales: páginas web, aplicaciones móviles, formularios electrónicos. El objetivo es garantizar la usabilidad y la accesibilidad de las interfaces, reduciendo las llamadas “brechas de ejecución” y “brechas de evaluación” que Donald Norman identificó como los principales obstáculos para una interacción efectiva.

   Tal y como se plantea desde los Servicios Digitales de Aragón, que se han convertido en un referente en el sector y han sido premiados con el prestigioso Premio Nacional de Diseño, una interfaz mal diseñada puede convertir un derecho en un privilegio inaccesible.

Tal y como se plantea desde los Servicios Digitales de Aragón, que se han convertido en un referente en el sector y han sido premiados con el prestigioso Premio Nacional de Diseño, una interfaz mal diseñada puede convertir un derecho en un privilegio inaccesible.

Tercer peldaño: diseño de experiencia de usuario

Más allá de los elementos visibles de la interfaz, el diseño de experiencia de usuario (UX) aborda cómo se estructura la información (arquitectura de la información) y cómo se definen los flujos de interacción (diseño de interacción) para facilitar la consecución de objetivos por parte del usuario. En nuestro caso, el ciudadano o ciudadana.

Técnicas como el card sorting o el tree testing permiten ajustar la organización de contenidos a los modelos mentales de los usuarios, mientras que la creación de personas y escenarios ayuda a representar las necesidades reales de nuestra audiencia.

Cuarto peldaño: diseño de servicio

El diseño de servicio da un paso más: replantea los servicios públicos en su conjunto, no solo sus interfaces digitales. Aquí no se trata solo de hacer más comprensibles los trámites existentes, sino de preguntarse si esos trámites son necesarios, si podrían simplificarse, fusionarse o eliminarse, o cómo podrían prestarse de manera omnicanal, adaptada a las necesidades de la ciudadanía.

Herramientas como el journey map (mapa de trayecto) o el service blueprint ayudan a visualizar los servicios desde la perspectiva de los usuarios y a detectar puntos críticos o redundancias. De este modo, usar esta batería de técnicas propias del diseño centrado en las personas ayuda a mejorar también los servicios ofrecidos en su conjunto y a dar un salto del concepto de “documento” al de “servicio” o “proceso”.

Quinto peldaño: diseño estratégico

Finalmente, en el peldaño más alto, el diseño se convierte en una práctica estratégica capaz de transformar la cultura organizativa de las Administraciones públicas, promoviendo enfoques interdisciplinarios y centrados en las personas.

Modelos como el framework for innovation (marco para la innovación) del Design Council británico o iniciativas como el documento titulado Diseño como herramienta para la innovación y modernización de las administraciones públicas, del Ministerio de Ciencia e Innovación de España, muestran cómo el diseño puede ser un motor de modernización y legitimidad democrática.

   Aquí no se trata de documentos o servicios puntuales, sino de cambiar la forma en que se detectan los problemas públicos, se diseñan las políticas hacia la ciudadanía y se prestan, finalmente, los servicios.

Aquí no se trata de documentos o servicios puntuales, sino de cambiar la forma en que se detectan los problemas públicos, se diseñan las políticas hacia la ciudadanía y se prestan, finalmente, los servicios.

En conclusión: el diseño legal como palanca para una democracia de mayor calidad

La escalera del diseño legal no es una receta única, ni un destino en sí mismo. Es una herramienta de autodiagnóstico y un marco de inspiración para que las Administraciones públicas evalúen hasta qué punto están explotando el potencial del diseño para acercar a la ciudadanía sus derechos.

En sociedades democráticas avanzadas, comprender el derecho y poder ejercerlo efectivamente no puede depender del nivel educativo, del acceso a abogados, o de la pericia digital de cada persona. La Constitución española nos recuerda que los poderes públicos deben remover los obstáculos que impidan la igualdad real y efectiva (art. 9.2). Por tanto, aplicar los principios del diseño legal no es un gesto de modernización estética: es una exigencia constitucional, un deber ético y un paso hacia una sociedad más justa y accesible para todas las personas.

Juan Ramón Martín San Román
Universidad Pontificia de Salamanca


Este apunte está basado en el artículo académico “La escalera del diseño legal: un enfoque para integrar el uso del diseño en las Administraciones públicas” publicado en el número 82 de la Revista de Llengua i Dret, Journal of Language and Law (diciembre de 2024).

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